¿Qué se escuchaba cuando nació el Perú republicano?

Sabor del 900 presenta su álbum Albores de Peruanidad, producción que incluye canciones del siglo XIX y XX. La cita es este 20 de octubre en el Centro Cultural Ricardo Palma a partir de las 7.30 p.m. Las entradas están a la venta en Joinnus.

Quizás la palabra hallazgo es la que mejor define a Sabor del 900, este colectivo musical que muy a menudo nos sorprende con un recital de canciones inéditas o un repertorio de inicios del siglo pasado y que ellos, con hermosa terquedad, le devuelven la vida.

Por eso, este nuevo álbum para Sabor del 900 guarda su propio significado. Carlos Cerquín Hidalgo y sus cómplices han ido más allá. Se han parado en el umbral exacto de aquellos primeros años de la república y hoy nos presentan la sonoridad costeña de aquella época. 

Carlos afirma que «el objetivo de esta producción musical es justamente rescatar una parte de este acervo común para que quede registrado y difundido para todos los peruanos y en particular las jóvenes generaciones de estudiantes, alumnos y sus profesores”. 

Cada una de las canciones en Albores de Peruanidad tiene su significado e historia. Veamos algunas.

Los bollos y la habichuelera

En Lima del siglo XIX, los bollos eran unos panecillos dulces y también tuvieron su pregón. Cuenta Carlos Cerquín que, felizmente, este pregón fue rescatado del olvido por Samuel Márquez quien era la primera voz del Conjunto Ricardo Palma, famosa agrupación criolla de mediados del siglo XX que también integraban Francisco Ballesteros en la guitarra y voz, Francisco Estrada en el laúd y Juan Arciniegas en el cajón y voz, todos afrodescendientes limeños. Este pregón, afirmaban, lo recopilaron de la hija de una negra esclava allá por las primeras décadas de 1900. 

La chicha

Esta pieza fuecompuesta en 1820 por José Bernardo Alzedo y José de la Torre Ugarte. Sí, los mismos que le dieron vida al Himno Nacional del Perú. “Cuenta la historia que cuando llegó a Lima el general José de San Martín, fue honrado con su interpretación en diversas festividades celebradas en su honor. Su música sencilla y pegajosa caló rápido en el gusto popular, cantándose con mucho fervor el 28 de Julio de 1821 día de la proclamación de la independencia. Su letra nos habla de la chicha, bebida como símbolo de peruanidad”, explica Carlos Cerquín.

Según el líder de Sabor del 900, existe el testimonio del viajero inglés Robert Proctor quien señala cómo en Orcocoto, Huarochirí allá por 1823 un lugareño que lo invitó a su casa a comer tomó una guitarra y cantó dicha canción. El relato dice: “Cuando llegamos al rancho pidió de cenar con gran aire autoritario, y, mientras se cocinaba, tomó la guitarra y cantó la siguiente canción española en elogio de su licor nativo…” 

La chicha continuó siendo publicada en Cancioneros y Revistas durante el siglo XIX y primeras décadas de del siglo XX. Por ejemplo, en diciembre de 1922 fue publicado nuevamente en el número 427 del afamado Cancionero de Lima. Sin embargo, el tiempo y el olvido inexorables fueron borrando su recuerdo. Felizmente, existía la partitura y gracias a ella la volvemos a entonar con la misma algarabía y fervor como se cantó en aquel 1821.

Zamacuecas y Resbalosa

Cerquín Hidalgo advierte que muy pocos recuerdan el nombre primigenio de la marinera: la zamacueca. Él aclara que no se refiere a la zamacueca que en la década de 70 del siglo pasado la gran Victoria Santa Cruz creó tan acertadamente en base a acuarelas de Pancho Fierro adaptándole una coreografía y música propias. “Nosotros hablamos de la vieja zamacueca, de aquella que fuera tomada por los patriotas como unos símbolos de la patria nueva que se estaba gestando por aquellos años de lucha por la libertad del yugo español, que hoy gracias a una exhaustiva labor de investigación, buscando entre partituras y textos antiguos queremos poner en vigencia y dejaremos a su consideración”, enfatiza.

Alza que te han visto 

Carlos refiere que esta canción es una mozamala que, en 1840, la señorita Aguilar presentó en un concierto benéfico de Teresa Navarrete. El escritor Manuel Ascencio Segura la cita en su obra Mozamala de 1842 y en dicha obra Segura describe abiertamente la tradición de acudir a la Pampa de Amancaes, haciendo que los personajes bailen la zamacueca e incluyendo referencias al paso del «alza que te han visto”. Con ese mismo título Claudio Rebagliati publica la partitura de esta zamacueca en su Álbum Sudamericano de 1870, y por último en el librillo Historia de la Marinera de 1954 escrito por Víctor Flórez Aquino y Julio Falcón Portugal imprimen la letra de Alza que te han visto y la consignan como una mozamala que data de 1850. Esta letra fue crucial para que junto a la melodía recopilada por Rebagliati poder volver a cantarlo después de más de 150 años. 

El histórico Dúo Montes y Manrique graba en 1911 la marineraLa Limeña, años más tarde Rosa Mercedes Ayarza de Morales recopila para su álbum folklórico una antigua zamacueca con el título de La Cambalachera, que para nuestra sorpresa lleva la misma melodía de La Limeña que grabara Montes y Manrique con otra letra y un pequeño giro melódico en la fuga o coro, esta canción debió ser tan popular que en el siglo XXI unas octogenarias damas limeñas tías del catedrático e investigador Fred Rohner cantan esta misma melodía pero con otras coplas de carácter marinero como las de Montes y Manrique

Dices que por ti me muero es una zamacueca que también llevara a la partitura el músico Italiano Claudio Rebagliati en su Álbum Sudamericano allá por 1870 tras oírla en aquellas jaranas con arpa, guitarra y cajón, está bella melodía es otro claro ejemplo de que la marinera limeña no es otra cosa más que zamacueca, sin embargo Rebagliati omitió copiar las letras, hoy y gracias a viejos textos donde hallamos antiguas coplas populares peruanas hemos encontrado una letra adecuada que ha calzado de perilla a tan linda música que esperamos sea del agrado de ustedes.

Ponemos broche de oro y tumbamos con una sabrosa y muy antigua Resbalosa llamada Concolón y sus respectivas fugas que rescatamos de una grabación radial donde quien la interpretaba era el Señor de la Jarana, Augusto Ascuez Villanueva.

La revolución de los santos

El Son de los diablos es una de las formas musicales más antiguas a la que se considera un tipo de música afroperuana que hasta la tercera década del siglo XX se le podía denominar Alcatraz, Inga, Agua e´ nieve, Toromata, Sambalandó, Zapateo, entre otros nombres que están vinculados a este género por la similitud de sus características rítmicas y melódicas.     

La revolución de los santos es una canción que sólo ha sido llevada el disco en una ocasión. Dicha grabación fue hecha por el histórico dúo Montes y Manrique allá por 1911. Cerquín Hidalgo recalca que si bien es cierto en el disco se le rotula como Canción, cuando oímos el toque de la guitarra y la letra de este tema nos percatamos que nos encontramos ante un Son de los diablos, siendo este el primer registro fonográfico de un ritmo negro del Perú.

Cumananas a San Martín

Esta es una cumanana recopilada en Morropón por Carlos Hayre y Alicia Maguiña en 1968 y que lleva por título Cumananas a San Martín ellos por captación magnetofónica obtuvieron dicha cumanana del señor Ramón Domínguez Saavedra quien había nacido el 31 de agosto de 1913 en el primer asentamiento de Morropón, es decir las faldas del cerro de Maray, era admirable la facilidad con que de él fluía el verso, el canto y la inspiración con temática diversa y claro acento de la zona. Cumananas, décimas, tonderos y retahílas al puro estilo morropano, que con guitarra en mano convocaba a grandes y chicos. Su obra aún permanece inédita en casi su totalidad. 

La conga

La conga es una zamacueca chiclayana que se crea el 6 de diciembre de 1867. Testigo presencial de esto fue nuestro gran tradicionalista Ricardo Palma quien nos relata en su tradición -La Conga- que este fue el último chisporroteo del criollismo y él lo sabía con puntos y coma ya que por aquel entonces se desempeñó como secretario general del coronel José Balta quien se había levantado contra el entonces gobernante del Perú Mariano Ignacio Prado en Chiclayo. En su texto, Palma narra que este canto se convirtió en la marsellesa chiclayana, pues se cantaba por el pueblo para arengar a las fuerzas de Balta y conforme se iba ganando la batalla se iban incorporando nuevas coplas. 

Yaraví o Triste del Perú “Dejarla fuera incapaz”

En la Segunda Colección de Aires Españoles, publicada en París probablemente en 1813, por Narciso Paz, músico español radicado en esa ciudad, se encuentra la partitura Yarabies o tristes del Perú – canción con acompañamiento de pianoforte y guitarra. Esta partitura es un notable documento por dos razones: es probablemente el yaraví peruano más antiguo que ha sido publicado y en la partitura se indica que la afinación de la guitarra no es la estándar sino que es la afinación conocida en el Perú como temple baulín, diablo o transportado y que se ha usado y se usa en diferentes regiones del país.

Otro aspecto a comentar es la advertencia que se encuentra en la partitura: “Todas estas voluptuosas canciones americanas no son originarias del país; el género o genio de esta música fue traído a estos países por los españoles del sur y probablemente tienen su origen en Egipto aunque hay algunos cuyo origen es evidentemente africano”.

Acerca del temple baulín en el Perú, Freddy Flores guitarrista de Taurisma, Arequipa, escribió un folleto mimeografiado publicado en 1972 titulado El baulín peruano: investigación musical. En ese documento afirma que ya a finales del siglo XVIII existía el temple baulín y que fue llevado de Ayacucho a Taurisma por don Pepe Rubina, Otro dato interesante sobre este temple lo aporta José Duran, estudioso de la música costeña peruana que publicó en 7 días del Perú y el mundo, suplemento dominical de La Prensa del 24 de marzo de 1961 un artículo sobre la marinera. Al referirse a la guitarra dice:

Por otra parte, el guitarrista puede en ocasiones, cambiar el temple de su guitarra. En los usos de chacra, y también en los limeños, son frecuentes las afinaciones en maulillo; los cuales consisten a veces en cambiar la afinación de las dos primeras cuerdas (tal como lo hizo Oscar Avilés en TV,); en otras ocasiones, se suben todas las cuerdas, de peculiar manera, en el llamado temple del diablo. Esto tiene por objeto probar los agudos de las voces; por otra parte, el toque maulillo suele tener un sabor típico en el rasgueo rítmico.

Para terminar debemos decir que la melodía y armonía de este yaraví tiene cosas distintas a los yaravíes que posteriormente en el siglo XIX consolidarían al género. “Pero eso no quita que es una fuente importantísima de los orígenes de nuestro yaraví que al igual que la zamacueca fue un canto nacional que se cultivó en todo el Perú”, afirma Cerquín Hidalgo.

Bellísima peruana

Está hermosa habanera peruana compuesta en la década de 1870 en Lima es un ejemplo claro de una canción viajera ya que su melodía con distinta letra se conoció en Cuba con el título de Mi amor, en Brasil como Encantadora infancia, Bellísima trigueña en Colombia y Venezuela y en Puerto Rico como La Borinqueña siendo esta última la más polémica debido a que nuestros hermanos puertorriqueños la convirtieron desde el 24 de julio de 1952 en su himno nacional.

Según Cerquín Hidalgo, la historia inicia cuando el tenor operático catalán Félix Astol Artés que llegó al Perú con la compañía de Stefano Busatti oye y lleva la citada habanera a Puerto Rico luego de haber vivido muchos años en Lima cambiándole algunas palabras al texto original para adaptarla a una serenata llamándola La Bellísima Trigueña. Fue tanto el gusto de está melodía en la sociedad de San Juan que la empezaron a llamar La Borinqueña, así es que se da inicio a un debate sobre la paternidad de este tema que por los documentos históricos -según el líder de Sabor del 900- afianzan su origen peruano.

Como dato curioso, cabe precisar que Ricardo Palma fue uno de los férreos defensores de la peruanidad de dicha habanera y consigna como su compositora a Manuela Faustos de Patrón. Luego, el historiador y escritor puertorriqueño Martín Gaudier, señala mostrando como prueba un manuscrito en una entrevista (14 de octubre de 1962) que: «Un Peruano es el autor del Himno de Puerto Rico». Prosigue la nota: «La Borinqueña – adoptada como Himno oficial de Puerto Rico en 1952 – es una canción escrita por el peruano Federico Brandariz con el nombre de Bellisíma Peruana”. 

Lo que sí se sabe es que la primera grabación que se hizo de esta canción fue realizada en 1896 por el tenor italiano Arturo Adamini quien también grabó nuestro Himno Nacional por primera vez para el sello Berliner.

Como vemos, Sabor del 900 es un verdadero cofre de sorpresas. La lista de piezas se completan conIslas Chincha, Domingo Mingo, Las devanadoras, La Limeña, Iguana, Recuerdos de Lima, Sambalandó y El Moro, que es un baile de Arequipa.

Toda esta puesta en escena la podrás ver este 20 de octubre en el Centro Cultural Ricardo Palma a partir de las 7.30 p.m. Las entradas están a la venta en Joinnus. 

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