¡Hasta siempre, Pedrito!
Pedro Suárez-Vértiz se fue, y lo hizo sabiendo que era un artista especial para el Perú. Sus canciones marcaron una generación con la alegría y la esperanza, a pesar de los duros momentos políticos por los que pasamos.
En Criollísimo Perú lo queremos recordar repasando un artículo que publicó en noviembre del 2017 en la revista Somos, de El Comercio, titulado «Sobre la música criolla». Allí recordó la resolución suprema del 18 de octubre de 1944, en el que el presidente Manuel Prado Ugarteche estableció el Día de la Canción Criolla para el 31 de octubre. “El objetivo es recordar las riquísimas consecuencias musicales que trajo la llegada de los españoles a América”, dijo.
Con un afán por mantener en armonía la verdad y el sentimiento, Pedro se cuida de explicar el origen de la música criolla y todo lo que su conceptualización abarca. “La mezcla de manifestaciones europeas, indígenas peruanas y de esclavos africanos es precisamente la génesis de nuestra música de bandera. Pero ojo, esta no es un género en sí, y eso es algo en lo que muchos se confunden. Como parte de la música criolla se considera al vals peruano, al huaino, la marinera norteña, el festejo, el canto de jarana y el tondero. Esos son los géneros”, subrayó en aquel artículo.
Claro, para agregar luz a la lógica de su razonamiento, subraya: “Recuerden que criollo significa hijo de europeo nacido en America”. Y es cierto. Hay toda una búsqueda del origen de tal palabra, pero básicamente se usaba con este significado. ¿El huaino es criollo? Pues claro. La mezcla de instrumentos lo delata, y la historia.
Reconoce Pedro, a pesar de haber cultivado principalmente el rock —un rock suave, ligero, por cierto— que la cultura peruana está fuertemente relacionada con la música criolla, que abarca no solo las estrellas de nuestra canción, sino también muchas canciones anónimas y antiguas. Resalta además, instrumentos que fueron ingresando a su ejecución musical, dándole más colorido a las notas, como piano y, más recientemente, el saxofón, pero resalta de manera especial el cajón, “el infaltable en toda jarana, recital o concierto, y que proviene de la música afroperuana”, dice.
“Su invención es muy curiosa y representa el espíritu y la razón de ser de la música criolla. Se dice que a los esclavos africanos aquí se les prohibió el uso de sus tambores, pues la Iglesia católica los consideraba un instrumento pagano. De esta manera, todo tambor fue quemado, dejando a los africanos sin qué tocar. Ellos se vieron obligados a buscar otra alternativa y es así como se topan con las cajas de madera en las cuales se enviaba mercadería como frutas. Estas emitían sonidos percutivos parecidos a los de sus tambores, y así apareció el famoso cajón peruano”, sostiene Pedro.
Además, considera errada aquella creencia de que el cajón nace por el uso de los cajones de los veladores para hacer percusión. Termina su artículo de esta manera:
“El Día de la Canción Criolla, finalmente, tiene la paradójica suerte de compartir fecha con Halloween. Esta última es una celebración mundial que mediáticamente disminuye el impacto que debería tener nuestra festividad. Quizá si se celebrase en un almanaque distinto, los jóvenes tendrían más chance de acceder, consumir y disfrutar de la música criolla, andina y afroperuana. Miremos siempre hacia dentro y dejémonos enamorar por semejante tesoro”.
