Willy Terry: “El término gestión no se conoce mucho en el ambiente criollo”
El guitarrista y productor musical también se refirió al pobre papel que cumplen las radios en cuanto a difusión de nuestra música criolla.
Su nombre está íntimamente ligado al valse criollo, al folclor costeño. Sin embargo, sus inicios fueron en lo tropical, en la cumbia con un conjunto de su barrio de Ventanilla. Un buen día, don Tito Frías lo encontró y lo recomendó a la peña La Palizada. Ahí cambió todo. Y aunque antes de empezar a tocar con el conjunto criollo, primero pasó por la orquesta de música internacional, ya Willy había llegado a un lugar que sería de intenso aprendizaje. Tuvo la suerte de acompañar a varias de las leyendas de nuestra música que aún estaban en actividad en esa época. Su director musical fue nada menos que Carlos Postigo. La jarana de su vida había empezado.
Tras varios años en el ambiente y habiéndolo visto casi todo, hoy el músico reparte su trabajo entre la docencia y las actuaciones en vivo. Alienta desde donde puede -y como puede- la aparición de nuevas voces y nuevos músicos. Tiene fe, aunque sabe que el reto no es sencillo.
La música criolla de cara al reciente Bicentenario llega con sus cuadros totalmente renovados. Hay un nueva cartelera, nuevo repertorio y nuevo plantel de músicos. Este recambio generacional también llega con un público juvenil ávido de conocer y cultivar el acervo. Vale decir, es el transcurrir natural del tiempo y la adaptación del acervo y tradición a esta nueva generación.
En los últimos se han publicado álbumes y trabajos nuevos, pero que no han tenido repercusión en los medios. ¿A qué se debe?
Se debe medir la repercusión de las nuevas propuestas en sus respectivos contextos. En el criollo hay canciones muy requeridas, y son de tres tipos: Las antiguas nunca grabadas o dadas a conocer, las de compositores consagrados que aún siguen componiendo y las nuevas canciones incluidas en las últimas producciones.
Alguna emisoras cuentan con un programa al mediodía. Sin embargo, el repertorio que eligen siempre es el mismo. Da la sensación que no salen de los diez valses de siempre.
Nosotros, los criollos de hoy, los contemporáneos, siempre hemos criticado la labor de los seudos programadores radiales, los que se rigen por la ley del menor esfuerzo, el sondeo fácil, el desconocimiento del acervo. Claro que le hace daño al curso natural de nuestra historia musical y a los nuevos valores.
Tras esta etapa, ojalá de retirada de la pandemia, se percibe un dinamismo especial en el circuito de centros musicales.
Como dije al principio, el público está ávido de criollismo, basta revisar las agendas artísticas. La generalidad es ver el aviso de entradas agotadas. Esto es un buen indicador y no solo a nivel de centros musicales sino también en peñas criollas, eventos particulares y clases presenciales. El panorama se torna muy interesante y promete una coyuntura favorable para nuestra música y su generación nueva.
Vimos el documental Barrio en el que usted participa. ¿Qué significó esta experiencia?
Si de algo debemos sentirnos orgullosos y seguros es de nuestro contenido. Hay demasiado por mostrar. La música criolla es un eje muy poderoso y didáctico mediante el cual pueden girar la gastronomía, el turismo y la cultura en general. El barrio nos lleva al primer entorno, a la fuente, al criollismo en su estado natural.
Si usted tuviera que dar un lineamiento o pauta para darle un nuevo aire a la música criolla ¿cuál sería?
Una sola palabra que vengo repitiendo durante años: Gestión. Este es un término poco utilizado y, en la mayoría de casos, desconocido por el ambiente criollo. Solo con gestión podrá caminar esta maravillosa maquinaria llamada Canción Criolla. En eso estamos.
