Pepe Villalobos celebró su santo como antaño
Así fue la jarana en casa de Pepe Villalobos
Don Pepe Villalobos festejó sus 93 años entre amigos y con una auténtica fiesta criolla en La Victoria.

Por: Martín Gómez V.
Fotos: Fernando Olivera Ch.
Don Pepe esperó este abril como nunca. En 2020, la pandemia -que no tiene oídos- le canceló la jarana. Y la revancha se dio recién ahora, tres años después. El sábado 15 de abril fue el día elegido -don Pepe nació el 8 de abril de 1930-. El respinguete se convirtió en serenata. Y al dueño del santo no se le prohibe nada.
El jirón Canta en La Victoria es una calle larga y fría. Pero en la cuadra 7 hay una puerta que pronto nos guiará al fogón. A las brasas de cariño de los Villalobos. A la una de la tarde llegarían los invitados. Y no hubo quejas. Como orden castrense, los criollos llegaron puntuales. La bienvenida corre por cuenta de varias quijadas de burro.
«Arranca, sobrino, quiero calentar la voz», dice don Pepe. Y suelta ‘El Pobre Marido‘ en tiempo de polka. Don Pepe es la síntesis del criollismo. Es el cajón y la guitarra. Es el festejo, la zamacueca, el vals alegrón y el vals para el amor. Él es un auténtico canto de jarana. Es el niño de 93 que quería celebrar su cumpleaños con sus amigos y ahora se le está cumpliendo.

Oscar Avilés Jr. toca la puerta y le obsequia su serenata. Palmas, señores. José Cossío, Koki Leturia, Alfredo Valiente, Jorge ‘Chapulín’ Villanueva y Las López acompañan.
Luego llegarán Willy Terry, Milagros Guerrero, Juan Rebaza, Jorge Pardo, Renzo Gil, Gerardo Barahona, César Vivanco, Sergio Salas, Carlos Castillo y Carlos Hidalgo. Una copa de vino para don Pepe. Para la mayoría, pisco. Y el chinchiví brota de los labios del compositor. «Chinchiví es la combinación de ron y chicha de jora». Nos cuenta cómo escribió la popular canción. Cada inspiración tiene una vivencia y también investigación. Por eso lo respetan. Por eso ahora su casa está llena. Todos coinciden que Pepe Villalobos Cavero es una de las columnas de esa Lima criolla que tuvo su mejor época.
Pilar, la hija de don Pepe, se multiplica para atender a todos. Victoria Villalobos, quien vive en Ecuador, recibe algunos videos y postea su emoción. “Muy agradecida por el cariño grande a nuestro padre”.
‘La idolatría’ en la flauta de César Vivanco es otro regalo. En la guitarra, Willy Terry le dice a don Pepe: “como antaño”. El maestro se acomoda en una silla y disfruta. Seguro vuela en recuerdos. Al rato suena ‘El vergel’, vals con Renzo Gil en la guitarra y cantado a dos voces: Carlos Castillo y Carlos Hidalgo. Comprobamos que hay tanta música por descubrir. Y tantos valiosos artistas en la nueva generación que los medios de comunicación no apoyan.
Fueron seis horas de jarana. Las registradas oficialmente, claro. Se cantó y se bailó tanto en la sala principal como en el largo callejón que le da un toque especial a la vivienda. “Estas jaranas criollas prácticamente se han perdido”, nos dice alguien. Y el callejón es la puesta en escena ideal. Quizás así don Pepe se siente más cerca del jirón Áncash en Barrios Altos. Ahí donde hizo primaria, secundaria y universidad en música criolla. Donde su maestro Víctor Arciniega, El Gancho, le mostró el camino. Con don Pepe hay mucho de qué conversar. Pero hoy estamos de fiesta. Y al que toca y al que canta se le seca la garganta.

Chabuca y Adela López no podían faltar. “Cuando don Pepe tenía su peña en Lince nos veíamos con frecuencia”, dice Adela. Ellas ya regresaron a sus actividades en su propia peña. Entre valses y marineras hacía falta un festejo. Jorge Pardo arrancó con ‘Mi comadre Cocoliche’ y todos a coro elevaron sus voces: «Y a la hora del bitute / la jamancia va a sobrar».
En la sala, al pianista Jorge Castro le dieron luz verde para que acaricie las blancas y las negras. ‘Amarraditos’ fue uno de los valses que tocó. De hecho, don Pepe, al caer la tarde, dirigió la jarana desde el sillón de la sala. Piano, cajón, voces y palmas. También la guitarra de Renzo Gil y la voz de Milagros Guerrero. Juan Rebaza ya había guardado el bajo. Patricia Fuentes es una fiesta. También Sheilla Tang. Y lo mismo Omar Crispín. Pilar Villalobos se emociona al ver a su padre disfrutando el regalo que tanto quería.
Luego vino la torta y don Pepe cantó. Ya dijimos: acomodó el respinguete a la serenata. Celebró su vida y sus recuerdos. El Negrito Chinchiví no faltó. Y, claro, se movió el cucú con elegancia. Don Pepe ahora empieza a planificar la ruta a los 94. Tiene todo el derecho. Y uno, el privilegio de haberlo tenido cerca.
PD. Desperté a las 3.00 a.m., vivo, y por un momento pensé que todo había sido un sueño.
