A 50 años de la muerte de Eduardo Márquez Talledo
Falleció un 29 de enero de 1975 en el Callao. Su obra más notable fue ‘Nube gris’, vals que fue grabado por artistas como Pedro Infante o Paul Mauriat.
¿Cuál habría sido la angustia de don Eduardo Márquez Talledo al ser acorralado por un derrame cerebral? Su nieta Miryam nos cuenta que él intentaba comunicarse, pero las palabras lo abandonaban. Y poco a poco quedó inconsciente. Cuando llegó al hospital San Juan de Dios de Bellavista los médicos hicieron hasta lo imposible por estabilizarlo, pero el compositor de ‘Nube Gris’ no reaccionaba.
Era enero de 1975 y la noticia movilizó a los criollos. El hospital se llenó de gente que indagaba por la salud del compositor. Recordemos que en octubre de 1973 la tragedia de Lucha Reyes había enlutado nuestra música. Por eso, lo de Márquez Talledo se convertía en otro golpe inesperado. Miryam confiesa que no imaginaba la fama de su abuelo.
Para esa época ‘Nube gris’ ya había dado la vuelta al mundo. Pedro Infante le puso su estilo y la llevó al cine mexicano. Alberto Cortez la grabó con sonoridad afrocaribe y el francés Paul Mauriat la incluyó en 1981 en su Lp ‘Bienvenido’.
Pero además de ‘Nube gris’, Márquez Talledo es autor de números tan populares como ‘Ventanita’, ’Pancha Remolino’ o ‘Alma de mi alma’. Los Morochucos, Jesús Vásquez, Fiesta Criolla o Los Embajadores Criollos solo son algunas figuras que interpretaron sus obras. Dicen que dejó más de 300 composiciones. Obra que hoy es legado de la familia.
Precisamente, la Asociación Peruana de Autores y Compositores, Apdayc, tiene en Eduardo Márquez Talledo a su incansable forjador. Él fue si primer presidente. Y en 1952, con voluntad de justicia, puso los cimientos de la institución.
Quienes conocieron al maestro dicen que la inspiración le venía de golpe. Su temática abarcaba desde amores, desengaños y la bohemia, en lo más estricto, hasta homenajes a su puerto chalaco. “Alegre y querendón”, así lo recuerda Miryam, quien lo gozó hasta sus 14 años de edad. “¡Le encantaba cocinar frijoles y recibir a sus amigos. Ese era mi abuelo!”.
La noticia del deceso de don Eduardo se dio después de las 5 de la tarde de aquel 29 de enero de 1975, hace 50 años. Las notas periodísticas de la época dan cuenta de cómo los chalacos lo acompañaron tanto en el velatorio realizado en la cuadra 1 del jirón Colón como en la ruta al cementerio Baquíjano. Ese día el llanto se confundió con la anécdota y la vivencia. Y claro que hubo música. Porque al maestro había que despedirlo con sus obras. Y el desconsuelo de su alegre y jaranera Pancha Remolino se quedó en una ventanita del Callao para cantarnos alma de mi alma, eternamente.
Foto de portada: Archivo Familia Máquez Talledo.
