La música criolla y el rechazo aristocrático
En las primeras décadas de su existencia, la música criolla fue objeto de rechazo por parte de las clases alta y media de Lima.
En las primeras décadas de su existencia, la música criolla fue objeto de rechazo por parte de las clases alta y media de Lima.
A medida que la música criolla se afianzaba en el corazón de la población y se convertía en un símbolo de identidad popular, la élite social comenzó a desestimarla y considerarla como una expresión artística inferior. Esta actitud alimentó la hostilidad hacia sus músicos e intérpretes, quienes a menudo sufrían agresiones y eran discriminados por quienes se consideraban «aristócratas».

«La estrecha identificación de la música criolla con las masas populares llevó al total rechazo de tal música por parte de las clases alta y media de Lima. La antipatía exhibida por estos últimos grupos hacia la expresión popular alcanzó tal virulencia que los músicos de clase baja a menudo sufrieron agresiones verbales y, en ocasiones, físicas cuando llevaban abiertamente sus guitarras en vecindarios aristocráticos”, señala el historiador canadiense Steve Stein, según recoge Emilio Bustamante en su artículo académico “Apropiaciones y usos de la canción criolla (1900-1939)”.
En general, la música criolla era tratada como algo que no debía exponerse públicamente. Es por ello que los aficionados que venían de ciertos círculos sociales sentían la necesidad de ocultar su afición para evitar conflictos. Acorde con tal escenario, Stein añade, según el artículo citado, que la cantante Rosita Ascoy recordó en una entrevista haber intentado «mantener en secreto su interés por la música criolla ante su madre de clase media».

«A veces va donde (el Café de) Salardi una orquesta criolla que se arranca con el vals o con la canción de moda y no hay más recurso que soportar a nuestros queridos compatriotas». (Revista Variedades de 1917. Artículo «La música nocturna en Lima»)
Bustamante también menciona al antropólogo Carlos Alberto Leyva Arroyo, quien explica en su libro «De vuelta al barrio: historia de la vida de Felipe Pinglo Alva» que el vals criollo no era considerado “decoroso” sino “música de chusma” y carente de “buen gusto” .
Así anduvo nuestra música criolla en sus inicios, sonando principalmente dentro de los 1.651 callejones y casas de inquilinato que existían en Lima hacia finales del siglo 19, que brindaban vivienda a más de la mitad de los habitantes de la capital.

Imagen abridora: Portada del libro «Recuperando la memoria de Lima 3. La música criolla de Lima», editado por la Municipalidad Metropolitana de Lima.
