“La andarita”, el vals que le canta al Robin Hood peruano
Luis Pardo, el famoso bandolero del norte, desafió las injusticias quitándole a los ricos para ayudar a los pobres. Sus andanzas inspiraron películas, documentales, libros y canciones, como «La andarita», también llamada «El canto de Luis Pardo».
“¿Dónde están mis defensores? / Para mí, nadie es clemente / Nadie piensa, nadie siente / ¿Quieren matarme?, ¡en buena hora! / Que me maten si es la hora / ¡Pero mátenme de frente!”.
Así terminan los versos que relatan los sentimientos y pensamientos de Luis Pardo, el Robin Hood peruano, como lo llamó Nicomedes Santa Cruz en su libro: “La décima en el Perú”. A él es dedicado el vals «La andarita», tema clásico del cancionero criollo de la Guardia Vieja, conocido también como «Luis Pardo» y “El canto de Luis Pardo”.
Unas pinceladas al contexto
La historia de Luis Pardo Novoa es similar a la del Zorro: hombre educado, hijo de hacendado, odiaba las injusticias y se levantó para combatirlas. Claro, no llevaba máscara ni era un espadachín, pero le sobraba bravura.

El bandolero más conocido del país nació en Chiquián, Áncash, en 1874. Venía de una familia de armas tomar. Su padre, Pedro Pardo Zorrilla, había peleado contra los montoneros de Nicolás de Piérola, sin saber que su hijo se convertiría también en un montonero.
¿Y quiénes eran los montoneros? Eran la gente del pueblo: indígenas, mestizos y afrodescendientes que atacaban en grupo y por sorpresa al ejército español en la época de la Independencia, en una suerte de guerra de guerrillas. Fueron los montoneros quienes sitiaron Lima por órdenes de San Martín, hasta que el ejército español abandonó la ciudad. Fueron los montoneros los que lucharon al lado de Andrés Avelino Cáceres en la Guerra con Chile. Fueron ellos quienes lo llevaron a la presidencia derrotando al general Iglesias. Y fueron los montoneros quienes apoyaron a Nicolás de Piérola para acabar con Cáceres, luego que este los traicionara y fusilara a sus dirigentes.
¿Por qué Luis Pardo se volvió el tema del famoso vals “La andarita”
El pequeño Luis Pardo vio morir a su padre, asesinado en una disputa de tierras con los hermanos Alvarado, y a su madre, poco después. El pequeño Luis Pardo tenía apenas 11 años cuando juró venganza, y con los años cumplió su palabra.
El desgobierno que vino luego de la Guerra con Chile, con autoridades corruptas y el abuso de los poderosos hacendados y negociantes, que controlaban la economía, la justicia y la política y las usaban como armas contra los más pobres y humildes, lo enervaron.

Como El Zorro, cuentan que era un excelente jinete, hábil tirador y empedernido mujeriego, aunque también amante de la lectura y de la música. Manejaba puñal, revólver y fusil, e imponía cupos a los ricos para distribuir el dinero entre quienes más lo necesitaban. Eso dicen.
Como El Zorro, Luis Pardo disfrutaba de holgura económica y una imagen de persona honrada, educada y honorable. Como el Zorro, era joven y sin mayores cargas ni responsabilidades familiares —se casó a los 17, pero se separó sin hijos, a los pocos años—. Le gustaba bailar, tocar guitarra y cantar, y enamorar a las chicas del campo y no a las damas de condición alta; y representar al inca en lugar de al capitán. Y quizá por eso, los grupos de poder empezaron a verlo con malos ojos, y quizá por eso empezaron a castigarlo severamente por cualquier infracción. Y quizá por eso decidió escapar al monte antes de ser apresado, y convertirse en bandolero antes de ser asesinado. Así lo explica Filomeno Zubieta en su artículo “Luis Pardo: de bandolero social a héroe popular”
Ya había sido preso político al formar parte de la montonera de Augusto Durand —otro empresario agrícola que se dedicó a organizar revoluciones contra la llamada República Aristocrática—, apoyando al general Cáceres. Huyó de la cárcel y vivió luego enfrentándose la fuerza pública, siendo declarado enemigo público. A pesar de ello, era optimista, alegre, astuto y valiente, además de muy difícil de capturar.
Temido por hacendados y mineros, se presentaba en el lugar donde se hubiera cometido una injusticia. Poco a poco, su defensa de los más humildes le ganó muchos simpatizantes, quienes se le unieron para incursionar por las serranías de Áncash y Lima.
¿Quién la escribió?
A él le canta “La andarita”, un vals famoso allá por inicios del siglo 20, y su historia figura en los libros de música criolla como un himno a la rebeldía. Pero ¿quién es el autor de este clásico? Aquí hay que hacer un alto y decir que en realidad, las letras de la canción «La andarita» forman parte de unas décimas que cuentan la vida de Luis Pardo, la muerte de sus padres y la de su amada Andarita, así como sus pesares y el porqué de su rebeldía.
“Indudablemente que estas décimas intituladas «El Canto de Luis Pardo» (once estrofas en total) salieron de la pluma de Abelardo Gamarra”, dice Nicomedes Santa Cruz. El problema es que Abelardo Gamarra, “El Tunante”, nunca la reivindicó. Y él vivía cuando el vals era cantado por el pueblo. Otros dicen que simplemente es de autor anónimo, porque así apareció en el semanario «Integridad», que dirigía el mismo Abelardo Gamarra.
El investigador Darío Mejía, por su parte, subraya, en un comentario para el blog nemovalse, que, según la base de datos Encyclopedic Discography of Victor Recordings, el vals «Luis Pardo» fue grabado en Lima el 13 de setiembre de 1917, apareció a la venta en el catálogo de Discos Victor de 1923, y en él aparece como autor Leonidas N. Yerovi (fundador de “Monos y Monadas”). Además, lo graba el dúo formado por Carlos Gamarra y Modesto Marini. “Lo curioso de aquello era de que Carlos Gamarra era hijo de Abelardo Gamarra y cuando grabó el vals aquel su padre, Abelardo Gamarra, estaba todavía vivo”. Finalmente, hay quienes sostienen que el autor de la décima fue el mismo Luis Pardo, quien gustaba de leer y escribir.
La letra
¿Y cuál es la letra de tan mencionado vals? Vienen de las décimas tituladas como «El Canto de Luis Pardo». Nicomedes Santa Cruz recoge esta obra de arte del libro de Alberto Carrillo Ramírez “Luis Pardo, el Gran Bandido”, y para comprender su trascendencia es necesario leerla toda:
¿Y quién le puso la melodía a tremenda letra? El compositor es Justo Arredondo, según el libro “Celajes, florestas y secretos, una historia del vals popular limeño”, de los investigadores José Antonio Llorens y Rodrigo Chocano Paredes.
Ven acá mi compañera / Ven tú, mi dulce andarita / Tú sola, sola, solita / Que me traes la quimera
De aquella mi edad primera / Que en el campo deslizada / Junto de mi madre amada / Y de mi padre querido / Era semejante al nido / Que hace el ave en la enramada
Ven, consuela al solitario / Que por jalcas y oconales / Sin hallar fin a sus males / Va arrastrando su calvario
Fue el destino temerario / Al empujarme inclemente / Como por rauda pendiente / Desde lo alto del peñón / Se desgaja algún pedrón / Que rueda y cae inconsciente
A mi padre lo mataron; / Mi madre murió de pena, / Ella tan buena, ¡tan buena! / ¡Ellos que tanto me amaron!
Con ambos me arrebataron, / Lo más que en el mundo quise / Pero aún la suerte me dice: / «Ama, adora a una mujer» / Que hube también de perder / Pues nací para infelice
Desde entonces, ¿qué hube de hacer? / Odiar a los que odiaron; / Matar a los que mataron / Lo que era el ser de mi ser
En torno mío no ver / Sino la maldad humana, / Esa maldad cruel, insana, / Que con el débil se estrella, / Que el desvalido atropella / ¡Y de su crimen se ufana!
Por eso yo quiero al niño; / Por eso yo amo al anciano; / Y al pobre indio, que es mi hermano, / Le doy todo mi cariño
No tengo el alma de armiño / Cuando sé que se le explota: / Toda mi cólera brota / Para su opresor, me indigna, / Como la araña maligna / Que sé aplastar con mi bota
Yo aborrezco la injusticia; / Yo quiero al que es desgraciado / Al que vive abandonado / Sólo por torpe malicia
Yo maldigo la estulticia / De tanta gente menguada, / Porque al fin de la jornada / Puesto que la vida es corta / La vida a mí qué me importa / Porque ¿qué es la vida? ¡Nada!
De mi provincia las peñas / Y el viento de mis quebradas / Me delatan las pisadas / Del que busca en las breñas
Hasta las ramas son señas / Que de la suerte merezco / Ni me asusta ni padezco / Si alguien me mira altanero / Yo soy como el aguacero / Que al soplo del viento, ¡crezco!
Brama, brama tempestad / Ruge, trueno, en el espacio /¡Bendito sea el palacio / De la augusta Libertad!
Cielo, con tu inmensidad / Vas mis pasos amparando / El rayo me va alumbrando / Si viene la noche oscura / En medio de su negrura / Para seguir caminando
Llega la noche. En el cielo / Salta la luna serena / Dentro del pecho mi pena / Parece hallar un consuelo
Sobre el campo, blanco velo / Se extiende, y como una visión / Detrás de cada peñón / Parece ver a mi amada / Que viene como escapada / A buscar mi corazón
Cae la noche, en el cielo / Surge la argentada luna / Triste como mi fortuna / Sola cual mi desconsuelo
A su luz beso el pañuelo / Que me dio a la despedida / Que en su llanto, humedecida / Besó ella con pasión loca / Y que guarda de su boca / La huella siempre querida
¡Y me persiguen, traidores! / Siempre fueron sin entrañas / les espanta mis hazañas / Que no son sino rencores
¿DÓNDE ESTÁN MIS DEFENSORES? / PARA MI, NADIE ES CLEMENTE / NADIE PIENSA, NADIE SIENTE / ¿QUIEREN MATARME?, ¡EN BUENA HORA! / QUE ME MATEN SI ES LA HORA / ¡PERO MÁTENME DE FRENTE!

Comienza la leyenda
Así vivió Luis Pardo por muchos años, con un precio a su cabeza, pero protegido por el pueblo. Sin embargo, todo tiene su final. Un destacamento especial de 50 gendarmes lo capturó en Chiquián, Áncash, su tierra. Lo acorralaron en una cueva, junto a varios de los suyos, y allí lo mataron, mientras salía disparando, corría cerro abajo y se lanzaba a las aguas del río Tingo. Allí lo acribillaron, y de pronto el río fue llamado Luis Pardo.
Llevaron su cuerpo a la plaza del pueblo para exhibirlo, pero el pueblo se levantó, y tuvieron que trasladarlo de frente hasta Chiquian, donde lo expusieron como advertencia contra los rebeldes. Era el 5 de enero de 1909. Luis Pardo tenía apenas 35 años de edad. Así nació la leyenda, cuya historia mereció la película “Luis Pardo” (cine mudo) en 1927, el largometraje más antiguo del Perú en ser restaurado; dirigido, escrito y protagonizado por Enrique Cornejo Villanueva, así como el documental «Por los caminos de Luis Pardo» (2018), del cineasta ancashino Roberto Aldave Palacios, entre otros.
Filomeno Zubieta destaca que en el 2003, durante la fiesta del centenario de la provincia de Bolognesi, Áncash, se le otorgó la Medalla Gran Sol del Centenario, y el 2009 se celebró el centenario de su fallecimiento con el XVII Encuentro de Escritores de Áncash bajo la denominación «Centenario de la muerte de Luis Pardo Novoa». Se le han dedicado libros, conferencias, series, exposiciones fotográficas y obras de teatro.
Hoy, Luis Pardo vive aún en el vals «La andarita», que se sigue tocando y cantando entre los más afamados y verdaderos criollos.
