El uso del término ‘criollo’ solía ser mal visto, ¿lo sabías?

Durante el virreinato, los hijos de los españoles nacidos en América preferían ser llamados ‘españoles’ a secas o ‘españoles americanos’, en última instancia.

Los primeros hijos de españoles nacidos en el Perú fueron denominados públicamente como «los hijos y nietos de los conquistadores», según indica el artículo «Revisando a criollos y al criollismo en el virreinato peruano del siglo XVII», de Masaki Sato. El uso del término ‘criollos’ para referirse a ellos comenzó recién en la primera mitad de la década de 1560.

Evolución

En una entrevista concedida a DESCO, el profesor de la Universidad La Sorbona Bernard Lavallé indicó: «La primera fecha que he encontrado la palabra criollo con este sentido en el Perú es 1565; aparece bajo la pluma de funcionarios para designar a los hijos de españoles blancos nacidos en América».

Lo interesante es que, según indica Lavallé, su uso no fue aceptado por estas personas, quienes en un inicio se llamaban a sí mismos beneméritos, que significa «hijo de conquistadores». Por otro lado, subraya que «la palabra criollo aparece y se extiende en un contexto difícil y con intenciones obviamente peyorativas y despreciativas».

¿Cuán despectivo resultaba el término ‘criollo’? Mucho para aquella época. Según el estudio «Lo criollo en el Perú republicano: breve aproximación a un término elusivo», de Luis Gómez Acuña, y haciendo referencia a la terrible época de la esclavitud, hasta 1560 «cualquier negro nacido fuera de África era considerado criollo».

Esta palabra se usó también para describir a los animales originarios de Europa nacidos en América, como los «caballos criollos», los “gallos criollos” y los «patos criollos». Finalmente, se extendió hacia los hijos de españoles nacidos en América, en un afán de igualarlos a todas estas designaciones.

Escenario

¿Y por qué el desprecio? Porque había de por medio un conflicto social. Los hijos de los conquistadores se consideraban herederos de un patrimonio que sus padres habían ganado a base de sangre, sudor y lágrimas, sin ningún apoyo del Estado, y, por tanto, se pensaban merecedores de asumir los cargos públicos del virreinato. Los peninsulares, por su parte, se veían a sí mismos como los legítimos representantes de la corona por haber nacido en España.

Para tratar de solucionar este problema, «se decretaban frecuentemente cédulas reales que ordenaban dar prioridad a los criollos en la administración virreinal, (lo que) implica que estas ordenanzas no se cumplían con frecuencia», señala Sato. Por otra parte, los virreyes preferían a quienes venían con ellos de la península en la administración de sus asuntos personales.

Con los años, el resentimiento entre los dos grupos se acrecentaría. Los peninsulares comenzaron a tratar a los nacidos en América de inferiores naturales. “Achacaban al clima y al influjo de sus amas de leche (…) la supuesta inferioridad, no solo de los llamados españoles americanos, sino de todos los habitantes de las colonias hispanas”, enfatiza el libro de Luis Gómez Acuña.

Para acrecentar este problema, la discriminación se expandió hacia el lado de los negocios. Así, a las colonias se les prohibió comerciar con otras naciones más allá de España; se les impuso tasas, gravámenes, impuestos y otros métodos de control económico; se les obligó a usar solo ciertas rutas comerciales; se les restringió el desarrollo industrial y hasta se les decía qué debían producir.

Españoles americanos

Así, el uso despectivo del término ‘criollo’ se fue acentuando entre los españoles, mientras, en revancha, aquellos llamaban ‘chapetones’ a los recién llegados de la península. Es en ese contexto que hizo su aparición el término de ‘españoles americanos’ en los escritos del Padre Feijoo en 1730, según indica la página del Proyecto Filosofía en Español de la Fundación Gustavo Bueno. Posteriormente, la expresión se volvió común y se difundió ampliamente en toda América durante el siglo XVIII, como una alternativa elegante y valedera,

«Español americano» se usaba para enfatizar que, a pesar de haber nacido en América, estas personas seguían siendo españolas. En 1808, el párroco de Montevideo Juan José Ortiz lo explicó de la siguiente manera: “Los españoles americanos somos hermanos de los españoles de Europa porque somos hijos de una misma madre, formamos un mismo pueblo, componemos una sola familia, estamos sujetos a un mismo monarca, gobernamos por las mismas leyes y nuestros derechos son unos mismos”.

Sin embargo, el término ‘criollo’ no desapareció. “No hubo mejor manera de rebajar la condición social de los llamados españoles americanos por parte de sus enemigos que asimilarlos a la condición social o natural de un negro, un mulato, un caballo o cierta planta criolla”, explica Luis Gómez Acuña.

Y el tema empeoró cuando las ideas de la independencia comenzaron a ganar espacio y los españoles americanos con ideas liberales empezaron a abogar por los intereses del Nuevo Mundo. Los españoles europeos percibían tales acciones como actos de corrupción y engaño contra la corona, propios de tramposos, astutos y faltos de ética. Esta evolución habría contribuido a cargar con una connotación desfavorable términos como ‘acriollarse’ o ‘acriollado’.

El término de ‘españoles americanos’ fue frecuentemente utilizado en los documentos oficiales del siglo XVIII. Allí está la famosa «Carta a los españoles americanos» de Juan Pablo Vizcardo y Guzmán, e incluso el libertador Bolívar lo utilizó en sus escritos. Finalmente, es de resaltar que en el censo de 1790 se usaron las siguientes denominaciones para distinguir estadísticamente a los habitantes de la ciudad de Lima: españoles, indios, mestizos, mulatos, cuarterones, quinterones, negros, zambos y chinos, según información extraída del libro «La Población de Lima en el siglo XVIII», de Pilar Pérez Cantó. Lo interesante es que, como se puede observar, no se aplicó en ningún caso una categoría denominada ‘criollos’.

Sin embargo, en medio de este contexto de conflictividad, es importante decir que el término ‘criollo’ fue entendido por el pueblo de una manera diferente, como una palabra que hacía referencia a lo oriundo, a lo nacional, y con el tiempo distinguió a todo aquel que gusta de la música y los bailes tradicionales de la costa.