¿Conoces la primera incursión de la música criolla en las redes sociales?
Reunión de confraternidad de la Lista Criolla.
La Lista de Música Criolla fue un pequeño pero dinámico movimiento cultural criollo nacido en la red de eListas.Net el año 2000, cuando no existían Facebook, Instagram ni TikTok.
Por: Fernando Olivera Ch.
La música criolla estaba presente en las redes sociales del año 2000. ¿Te parece extraño? No nos sorprende. Apenas comenzaba el siglo 21 y en aquella época no existían Facebook, Instagram ni TikTok. Sin embargo, hubo un grupo virtual que la tuvo como protagonista y generó un pequeño pero muy activo movimiento cultural, que atrajo principalmente a la gente joven. Se llamó Lista de Música Criolla y nació en la plataforma eListas.Net.
Los inicios
¿Qué era una lista? Era un servicio de correo masivo que permitía generar debates e intercambiar información entre sus integrantes. Un mensaje era enviado a una dirección central que manejaba un administrador y este a su vez lo reenviaba a todas las personas inscritas. “La idea era agruparse en torno a un tema de interés, como deporte, cultura o literatura. Un día, un amigo creó una lista de exalumnos de su colegio, y se me ocurrió que podía crear una para difundir la música criolla», recuerda su fundador, José «Pepe» Olivera Espinoza.
Así nació la dirección musicacriolla@elistas.net, un 21 de octubre del año 2000, cuando en el Perú el buscador más usado no era Google, sino AltaVista, y con ella ingresaron a la red virtual el vals, la marinera, la polca y todos los ritmos de nuestro acervo musical criollo. “Era importante destacar que se trataba de una lista de música criolla, ya que había listas de diferentes géneros musicales: clásica, salsa, punk, entre otros”, explica Pepe.

Logo original de la Lista de Música CriollaContexto
Para que comprendas mejor el momento en el que surge la Lista de la Música Criolla y su importancia, es necesario que recuerdes que al terminar el siglo XX no era nada fácil encontrar, escuchar u obtener una canción criolla a través de Internet, como es ahora con Youtube y Spotify. En general, solo tenías dos opciones. La primera era bajarla de Ares, la histórica plataforma de piratería musical. El problema es que en Ares encontrabas solo los temas más comerciales; además, corrías un alto riesgo de infectar tu computadora con un virus.
La segunda opción era que un amigo te enviara la canción por correo electrónico, como archivo adjunto, pero desafortunadamente, esto era poco común. La gente todavía escuchaba sus clásicos criollos en vinilos (de 33, 45 o 78 rpm) y casetes, y para digitalizarlos se requerían programas y cables especiales, aunque lo más práctico era ir al emporio tecnológico de Wilson para que lo hicieran. De otra forma, no podías compartir tu música por la red.
Así de complicado era el mundo digital en aquel entonces, especialmente en Perú, donde ni siquiera existían los smartphones, excepto por algunos modelos simples de Nokia, y el sistema 3G apenas estaba emergiendo en el mercado internacional. Además, la informática era dominada por las computadoras de escritorio, y si querías usar Internet, lo más común era ir a una cabina pública. En ese contexto nació y creció la Lista de la Música Criolla, que posteriormente muchos conocieron simplemente como Lista Criolla.
Cómo funcionaba
Suscribirse a la lista no era sencillo. Había que completar un formulario con el nombre, lugar de residencia, edad, número de teléfono, entre otros datos, y esperar la aprobación del moderador. «También incluí mis datos personales, para generar confianza y que la gente supiera que había alguien real detrás de la lista», indica Pepe.
En algunos casos, él invitaba directamente a las personas a participar. Luego estaba el filtro de las comunicaciones, necesario para cumplir con las normas elementales de educación y evitar insultos, difamaciones, publicidad o desviaciones hacia otros temas. «Por supuesto que siempre había palomillas que se metían para otros fines, pero al final se aburrían y se iban, o yo podía eliminarlos», comenta.
Cada día se unía más gente, entre ellos personajes tan importantes como Teresa Fuller, hija de la gran Chabuca Granda, y el investigador de la cultura criolla Darío Mejía. «Todos escribían a musicacriolla@elistas.net y luego los mensajes se distribuían entre los miembros. Además, la plataforma me proporcionaba estadísticas mensuales sobre cuántas personas se inscribían, qué usuarios tenían más intervenciones y de qué país se comunicaban: Perú, Estados Unidos, Alemania, Canadá e incluso Suecia. Así supe que teníamos músicos, estudiantes universitarios y mucha gente del distrito de San Martín de Porres. En su mayoría, tenían entre veintitantos y treintaitantos años y solían escribir desde sus correos de LatinMail, Hotmail y Yahoo! Había muy pocas personas mayores y podíamos identificarlas precisamente porque eran mayores», explica Pepe Olivera.
El fundador
Pero ¿quién era Pepe Olivera? En el 2000, era un joven de 29 años que residía en un edificio en la cuadra 6 de la avenida Brasil. Había crecido en un solar de la cuadra 11 del jirón Carabaya, en el centro del Lima, escuchando valses, marineras y festejos, y conviviendo con personajes clásicos del barrio, como la correveidile de la cuadra y el vendedor de pejerrey. Pertenecía a lo que hoy se conoce como la Generación X y vivía el paso de lo analógico a lo digital con naturalidad, porque era parte de su día a día en el Instituto Francés de Estudios Andinos.
¿Y por qué llevó la música criolla a las redes sociales? Por su espíritu emprendedor y su cercanía con la tecnología. Además, porque «en aquella época era muy difícil acceder a la música criolla a través de la televisión, y por la radio solo se podía escuchar a la hora del almuerzo, a través de Antena 1 y Radio San Borja«, explica. Por otra parte, era consciente de que los tiempos estaban cambiando y de que Internet había llegado para quedarse.
A través de la Lista Criolla, la gente conversaba, compartía sus experiencias y también hacía preguntas sobre cantantes, letras, canciones, instrumentos y demás. Todos aprendían de todos, y pronto el grupo superó las 200 personas inscritas. ¿Parecen pocos? No lo era para aquellos tiempos. «Era un montón de gente, ya que una lista de salsa, por ejemplo, solía tener 20 o 30 seguidores inscritos», recuerda Olivera Espinoza.
Los «extranjeros» o peruanos que vivían en el exterior también iban en aumento. «Los alimentaba el anhelo y la distancia, ya que estaban vinculados desde su niñez a la música criolla, y escribían con nostalgia, a veces preguntando por la letra de una canción», cuenta Pepe. ¿Y por qué no buscaban esas letras en Internet? Porque aún no había mucha información del mundo criollo en la red, ni en texto, ni en audios, ni en videos.
Con el tiempo, la Lista Criolla se expandió hasta contar con el Capítulo de Florida en los Estados Unidos, conformado por peruanos que vivían allí, y mantuvo una relación cercana con la Associazione Peruanita y la radio Meneghina de Milán, Italia.
De lo virtual a lo presencial
Pero si bien la gente quería saber y aprender, también deseaba verse las caras. Así que, luego de más de un año de existencia, se llevó a cabo el primer encuentro presencial, denominado «Jarana 1», en casa de José Antonio Mendoza, un joven entusiasta de las redes y de nuestro acervo criollo, de unos 24 o 25 años. El éxito de la reunión fue tal que para las siguientes ocasiones los peruanos que vivían en el extranjero coordinaban su llegada para estar presentes.
La jarana se armaba en el Callao, Breña o en el distrito de quien prestara la casa. También se hacían convocatorias para reunirse por un cumpleaños o simplemente para visitar locales criollos. Uno de estos lugares fue La Casa del Pisco, ubicada en la calle German Schreiber, en San Isidro. Allí, Alberto Iglesias los recibía, juntando mesas y sillas, mientras que Roberto Samamé les enseñaba a reconocer y saborear un buen pisco. Fue en ese proceso cuando nació la idea de tener un conjunto criollo formado por los integrantes de la lista, que tomó el nombre de una canción de Felipe Pinglo: ‘De Vuelta al Barrio’.

«Un día decidimos juntar a los que tocábamos o bailábamos. Así, en enero del 2003, conformamos el grupo criollo ‘De Vuelta al Barrio’ en honor a Felipe Pinglo. El grupo inicial estuvo compuesto por Tania Arbizú, Jimmy Sánchez, Miguel Sánchez, José Antonio ‘Chalán’ Mendoza, Sheilla Tang, Juan Alberto Arias y yo. Luego vi que le pusieron el mismo nombre a una producción de Chichi Peralta y a una serie de televisión, pero primero fue nuestro grupo criollo», recuerda Pepe.
Paralelamente, en el 2003 también surgió la idea de crear una página web entre todos los miembros de la lista, que reuniera el conocimiento criollo de sus más de 200 integrantes. Este proyecto se materializó y aún existe hoy, con la dirección www.listamusicacriolla.com.
“Ronny Zuzunaga nos daba un espacio en su programa ‘Clase Criolla’, que se emitía los sábados al mediodía en Radio Nacional, para publicitar la existencia de la lista e invitar a la gente a que se una. Este apoyo fue muy importante y ayudó a que la lista crezca. Cuando se creo el grupo ‘De Vuelta al Barrio’, también nos invitó a tocar en vivo”, recuerda Pepe.
Con el tiempo, sin embargo, ocurrió lo impensable: el dominio de eListas cerró, víctima de lo que se conoce como el fenómeno de la burbuja de las empresas puntocom, e hirió de gravedad la existencia de la Lista Criolla. Corría el año 2011. «Traté de rescatarla en páginas de chats gratuitas, pero también cerraron. Otro intento fue llevar la lista a Hi5, donde estuvo poco tiempo porque era una red para temas un poco más fríos y generales. Luego lo trasladé a Facebook», detalla Olivera.
El entusiasmo de aquellos inicios no regresó. Sin embargo, quedó como una gran experiencia. La virtud de la Lista Criolla, además de llevar nuestro acervo cultural a la red social en aquellos inicios digitales, fue atraer a muchos jóvenes que no necesariamente eran asiduos a las peñas ni grandes conocedores musicales, pero querían aprender, bailar y cantar nuestras canciones.
